
Parece imposible que ya haga casi dos años, dos años de sueños, de anhelos y de ilusiones que cada vez pesan más en el alma. Dos años en los que cada vez que paso por un parque, me muero de las ganas de estar allí con mi niñ@, me muero de ganas de correr detrás de el/la, de escucharle reír y ver como se queda flojit@, de achucharle, de acunarle, de cantarle todas las noches hasta verle quedarse dormird@.
Sabemos que este camino no es fácil y que tenemos que tener una paciencia infinita, pero cuando ves que llevas todo este tiempo y sigues como al principio, se hace una cuesta arriba que a veces es difícil de soportar.
Pero a pesar de todo sigo teniendo esperanza y se que mi tesoro, está (o estará) en algún lugar de Vietnam y que algún día sus papás, los que cada noche antes de dormirse, le piden a la luna que el tiempo pase rápido y que el hilo se empiece a desenredar, irán a buscarle.
Hij@ mí@ te digo lo mismo de siempre, no sueltes el hilo que te une a nosotros y a nosotros contigo, que papá y mamá no lo soltarán jamás.